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  • Daniel Castro Adrianzén

Cuestionar los tradicionalismos y promover el cambio innovador


Decía Platón que las únicas ideas inmutables eran las formas eternas y absolutas y que sólo ellas pueden ser parte del conocimiento verdadero. Decía también que la percepción de las sombras de estás formas absolutas, es el mundo tal como se ve y oye, lo cual es una simple opinión.

En aquellas épocas en las que predominaba el pensamiento filosófico, se entrenaba a las personas a pensar el porqué de las cosas. Se buscaba la verdad sobre la humanidad, la mente, las emociones, el universo, el ser existencial, el conocimiento y más. La metodología era cuestionar la razón y esencia de lo que se conocía. Se enseñaba a buscar soluciones a través de la reflexión, que finalmente era la que revelaba la sabiduría interna.

Tal era el caso del método socrático denominado Mayéutica, mediante el cual, este filósofo griego inducía a sus alumnos a buscar la razón del ser a través de preguntas reflexivas. No les decía cuál era la verdad o que era lo mejor, promovía a que cada uno de ellos lo determine para si mismo.

Para nuestra mala suerte, en algún momento de la historia, alguien decidió que, en lugar de entrenar a las personas para pensar, lo mejor era enseñarles o decirles cómo eran las cosas. Somos parte de ese sistema educativo, en el cual debemos pensar de forma lineal y colectiva, quien se atreve a pensar distinto a lo que nos enseñan, es un bicho raro.

Ahora en lugar de pensar para buscar la mejor solución para cada caso, nos enseñan a memorizar procedimientos que deberemos seguir en cuanto se presente un contratiempo:

Paso 1 + paso 2 + paso 3 = Resultado.

No se nos estimula para pensar creativamente ni para criticar la forma de como se vienen haciendo las cosas. No cuestionamos el status quo. Es por esta razón que cuando se nos dice algo, probablemente lo tomemos como verdad absoluta sin cuestionar la fundamentalidad.

Cuando vemos algo en la televisión lo calilficamos como real sin cuestionar o analizar la veracidad o beneficio del contenido. Lo óptimo sería que evaluemos la información con criterio lógico y a partir de ahí decidamos si nos convence o la compartimos.

Un gran porcentaje de personas no se pregunta el porqué ni el para qué hace las cosas. Y eso nos lleva a una vacuidad existencial, evadiendo la responsabilidad y posibilidad de cambiar nuestras circunstancias. Es responsabilidad de cada uno saber para qué está en este mundo, de cuestionarse la razón por la cual hace las cosas, ya que cabe la posibilidad que podamos ser alguna de esas personas, que sin darse cuenta vive alabando los paradigmas coyunturales, sin realmente haber cuestionado si es lo que realmente quiere.

Tenemos posibilidad de elegir, pero no le damos la importancia debida, porque no pensamos o cuestionamos razones. Y por ello, simplemente somos lo que nos dicen que debemos ser.

¿Cuántas veces hemos compartido un post en redes sociales en las que alguien se queja de algún servicio o situación sin evaluar la veracidad, fidelidad y lógica de lo que estamos compartiendo?

Simplemente nos influenciamos por lo que dice un desconocido sin valorar pruebas de realidad.

Si vamos a una entrevista de trabajo y nos preguntan ¿Cómo resolverías este problema? Perderíamos el tiempo y la plaza si contestamos : pensando.

A esa pregunta se responde con un obligado : paso 1 + paso 2 + paso 3 = resultado.

En este último caso no se valora la capacidad creativa, se valora que en alguna ocasión se ha resuelto un problema similar. Se valora a quien demuestra saber más y no a quien demuestra tener recursos creativos para solucionar problemas que aun no existen. En otras palabras, se valora a quien hace las cosas según se piensa que deben ser hechas.

Como seres netamente sociales, tendemos a inclinarnos a la protección grupal, a seguir al grupo liderado por algún incógnito que convenció a los demás, alguna vez, que las cosas debían hacerse según su forma. Queremos pertenecer para sentirnos aceptados y protegidos. Quien sale del formato colectivo, sentirá rebeldía y preocupación que si se hunde el barco, no habrá quien le tire un salvavidas.

Nos movemos a través de patrones mentales grupales impuestos socialmente, que nos dificultan tomar la opción de elegir lo que realmente queremos hacer. Si es que lo sabemos. Estamos tan acostumbrados a hacer lo que nos dicen, a pensar como nos dicen, que es muy incómodo despertarse un día y decidir cambiar nuestro enfoque.

Tenemos opciones, sólo que no nos enseñaron a buscarlas y llegadmos a este punto, hasta nos puede dar miedo encontrarlas.

Aquella persona que se cuestiona, reflexiona y se da cuenta que las cosas no tienen que ser necesariamente como son. Y entonces esta persona es catalogada como rebelde, revolucionaria o cualquier otra cosa. Cuando en realidad es un innovador.

En los colegios nos evalúan por nuestra capacidad de memorizar las cosas. Hasta los problemas de matemática tenían un procedimiento que debíamos seguir. Si llegamos a la respuesta con un método distinto al que el profesor está buscando, la respuesta no es válida. Salvo excepciones, el sistema de aprendizaje es memorizar mucho y pensar poco.

Imaginemos que pasaría si le preguntamos a nuestro jefe ¿Por qué se hacen así las cosas en esta empresa?

¿Cuál sería su probable respuesta? Algo parecido a: siempre se ha hecho así. Yo pregunto ¿el que alguna vez las cosas funcionaran de una manera, significa que siempre van a funcionar bien? Las situaciones cambian, los conceptos evolucionan, la sociedad avanza y debemos avanzar con ella. Debemos pensar creativamente para no estancarnos ante el cambio.

Si la respuesta fuera : porqué es la mejor manera de hacerlo, cabría repreguntarse: ¿comparado con cuál? ¿Cuál es el barómetro con el cual se ha decidido que es la mejor manera? ¿Hemos probado todas las maneras? ¿Cuántas nos faltan por probar?

Es por este pensamiento tan lineal y poco estimulado, que cuando la situación o las variables cambian nos produce ansiedad y estrés llegar a la solución. Debemos acostumbrarnos a cuestionarnos y a ser flexibles para cambiar en caso sea necesario. Y cada vez es más necesario.

Entre los muchos beneficios del coaching están el generar pensamiento reflexivo, pensar el como, porque, para que de las cosas; y también elevar nuestra facultad de adaptarse al cambio.

El poder elegir otras opciones de vida presupone que van a haber cambios, y la mayoría de la gente rechaza los cambios, ya que el instinto nos hace temer al cambio, por ser algo desconocido.

El cerebro es tan eficiente como vago. Quiere reducir el trabajo en lo menos importante para enfocarse en aquellas tareas para las cuales necesita su máximo potencial. Y para hacerlo crea hábitos, o caminos neurológicos mediante los cuales hacemos las cosas igual que la primera vez, en una especie de piloto automático. Ahí no hay riesgo, y tampoco hay crecimiento.

Podemos entrenarnos para aceptar el cambio, buscándolo cada vez que podamos. Como dijo Darwin, las especies que se resisten al cambio desaparecen, las que se adaptan al cambio son las que evolucionan.

Para poder elegir nuevas y mejores opciones de vida, debemos empezar a reflexionar, a cuestionar la información que entra a través de nuestros sentidos. Debemos encontrar aquello que nos llena y da sentido personal a nuestra vida y evitar dejarnos llevar por los procedimientos sociales tradicionales. Formamos parte de una sociedad, si, pero somos un ente vital individual. Cada uno es quien disfruta para bien o para mal, su tiempo de vida.

Ese cambio al cual debemos acostumbrarnos, será más fácil si nosotros somos los que lo iniciamos.

El coaching te da esto y más.

#Desarrollo #Coaching #Cambio #actitud

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