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  • Daniel Castro Adrianzén

La importancia de criar líderes


Claudio Naranjo es un psiquiatra chileno educado en Harvard, considerado uno de los pensadores más prolijos de nuestra época.

Naranjo critica la coyuntura de la educación social actual, que se enfoca sólo en la razón, dejando de lado el corazón y el instinto. La educación, señala Naranjo, debería ser enfocada en los 3 cerebros del ser humano: reptiliano, emocional y racional.

Contrario a ello, hemos creado un mundo que reprime la espontaneidad del cuerpo y la influencia de las emociones en el rendimiento lógico-racional. Nos hemos acostumbrado a negar lo innegable y a pretender que sólo hay una forma válida de aprendizaje. Dogmatizamos formas y exigimos su cumplimiento.

Naranjo define a las personas como seres que nacen libres, pero de a pocos se van domesticando a través del miedo, el castigo a la conducta contraria o la recompensa a la conducta planeada. Lo que más escucha un niño es “NO”. Más que comprender, los padres reprimen y castigan para educar.

Nuestro sistema educativo, tanto desde antes de entrar al kínder, se basa en la motivación extrínseca fundamentada en el castigo por error y recompensa por resultado. Con ello, criamos a nuestros hijos a manera de soldados, acostumbrándolos a seguir órdenes y de paso apagando su naturaleza individual creativa que los guía a un entendimiento de su realidad de acorde con su identidad personal.

La forma y velocidad del mundo está cambiando y con ellas debemos cambiar nosotros. Ya lo dijo en su oportunidad Charles Darwin, las especies que sobreviven no son las más fuertes o inteligentes, sino las que se adaptan mejor a los cambios.

Podemos cambiar la forma en la que educamos a nuestros hijos, en lugar de darles órdenes y amenazas de castigo o premios por resultado; dejar que ellos evalúen la viabilidad de sus decisiones.

Debemos darles la oportunidad de elegir. Escucharlos para entender su proceso mental que los ha llevado a tomar esa decisión, y a su vez ponerles de manifiesto nuestro análisis correspondiente del suceso. Y luego que su mejor análisis les guíe.

Es importante empezar a cambiar nosotros, para elevar nuestros niveles de tolerancia al ver como muchas veces tomaran decisiones que van en contra de lo que nosotros hubiésemos decidido. Y dejarlos que se equivoquen, que cometan errores y sobre todo que se frustren. De esta forma se acostumbran de forma natural a tomar decisiones y a la frustración por errores impensados, que los preparará para vivir en un mundo real.

Así cuando abran la puerta de la adultez, para ellos será normal verse en una posición de evaluar las opciones y buscar la mejor decisión sin temor a equivocarse, pues ya aprendieron que la frustración duele pero no mata.

Entiendo que es difícil cambiar la dinámica de la relación situacional de la vida de nuestros hijos. Somos nosotros los que tenemos que hacer el gran esfuerzo de desarrollar la tolerancia en vistas de un resultado mucho más optimo a largo plazo. Es fundamental dejarles elegir, que tomen sus propias decisiones, que asuman la responsabilidad por el resultado de esas decisiones y que pasen por el periodo emocional correspondiente a ello.

Nosotros con crearles un marco de valores dentro del cual ellos se muevan y bajo el cual referencien sus decisiones, los habremos ayudado mucho. Recuerda que los niños aprenden por imitación, así que debes ser el primero en respetar los valores que les inculcamos.

Con ello estaremos criando personas seguras de si mismas, proactivas y responsables de si mismas y con capacidad de dirigir sus propias vidas. Vamos, estaremos formando líderes en sentido estricto. Si por el contrario seguimos enseñándoles a obedecer órdenes, estaremos creando soldados que en edad adulta se bloquearan ante las decisiones trascendentales. Los soldados esperan órdenes para actuar, los líderes actúan proactiva y responsablemente.

Una persona criada bajo el modelo del castigo por error o recompensa por resultado, vivirá su vida adulta copiando lo que ordenan los constructos sociales, pensando que ha elegido la vida que tiene, cuando en realidad tiene la vida que otro eligieron para ella.

Debemos aprender a disociar nuestra identidad personal de la de nuestros hijos, que por más que lleven nuestra misma sangre, están compuestos por diferente genoma. Somos en si, seres diametralmente diferentes unos de otros, con distintos intereses, recursos y limitaciones distintas. No podemos seguir pretendiendo que lo que funciona para uno, deberá funcionar igualmente para cualquiera, ello no es así. Por más que los padres piensen que su forma de entender las cosas es la mejor, no necesita ser igual a la de ellos.

Obligar a los niños a que hagan algo según nuestro dogma, sin su consentimiento y evaluación emotivo-racional, hará que se acostumbren a seguir el viejo camino en lugar de crear el propio. En otras palabras, estamos creando personas que obedecen órdenes y limitando su capacidad de crear sus propias decisiones.

Para un futuro mejor para nuestros hijos, dejemos de criar soldados obedientes, y empecemos a crear líderes, seguros de si mismos con capacidad de elegir su mejor camino.


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