La eterna controversia entre la Consciencia y el Ego


La humanidad de nuestro ser existencial nos lleva por 2 caminos: el de la conciencia o el del Ego.

La conciencia es estar presente en tus dominios emocional, racional, físico y espiritual, es precisamente ser consciente a nivel profundo de lo que está pasando en tu interior en determinada etapa de tu vida, que produce la realidad que se produce en el exterior. Es elevarnos del ruido social, para escuchar nuestra voz interior.

Se le conoce como estado de “Self-Awareness”, es decir desarrollar la capacidad de reconocer nuestros procesos internos que producen las consecuencias externas. Por ejemplo, estar dentro de un tráfico terrible puede producir emociones como enfado, frustración o ansiedad.

El estado de consciencia nos permite identificar que el tráfico sólo es el medio que nos ha llevado hacia la emoción que nos embarga. Es el estímulo que pone de manifiesto una situación más profunda que está operando dentro. Tal vez pueda ser un paradigma de inseguridad que nos hace sentir culpables si llegamos tarde a la oficina, porque sentiremos que nos verán irresponsables y poco comprometidos. Y tal vez nos regañen, y aquí entra la emoción del miedo manifestada externamente en su forma superficial de enfado.

Ser consciente de si mismo, nos da el poder de controlar nuestras acciones y resultados. Nos da la posibilidad de estar al mando de nuestro destino.

Por otro lado, el Ego es el comandante social que dice que tenemos que demostrar los rasgos de una persona influyente según los marcos referenciales de tiempo y lugar. El Ego quiere evidenciar que tenemos aquello que los constructos sociales imponen.

Y para demostrar ello, valoramos más nuestra máscara social que los intereses reales que favorecen la situación en la que nos encontramos. Es decir, nos hace priorizar nuestro banal interés proteger la imagen que subyacentemente queremos proyectar, por encima de los intereses comunes en beneficio de una situación.

Por ejemplo, cada vez que alguien intenta negar que se ha equivocado, está haciendo caso a su Ego.

El Ego nos hace creer que vivimos en una burbuja que nos separa del sistema social, nos disocia de los demás creando un muro imaginario, que entendemos de mala manera, sirve para nuestra autoprotección. Es pensar "primero importo yo y después, si me siento seguro, me importarán los demás". Esto sucede a nivel subconsciente en base a la automatización de procesos cognitivos.

En otras palabras la conciencia es el angelito que sabe lo que es mejor para nosotros, y el ego es el diablito que quiere buscar la vanalidad del reconocimiento colectivo y tiene la necesidad de proteger el mundo que hemos creado dentro de nuestra burbuja.

La conciencia nos asocia al mundo, el ego nos disocia. La consciencia es carismática, el Ego es seductor.

¿Cómo reconocer cuál nos controla?

Preguntándonos ¿Qué produce la emoción que me embarga? Debemos tener en cuenta que siempre estamos dentro de un estado emocional tal vez poco intenso que pasa desapercibido.

Si la respuesta a dicha pregunta se dirige hacia factores externos, es el Ego quien está contestando, incluso si la emoción es placentera. Por el contrario, si la respuesta es encontrada en una razón de nuestro interior, estamos conectados con nuestra consciencia profunda.

¿Cómo pasar del Ego a la Consciencia?

Trabajando en la presencia, elevando nuestra escucha interna. En lugar de pensar en lo que vemos fuera, escuchar como estamos por dentro. De esta manera reconoceremos nuestra responsabilidad en las consecuencias que nos rodean, lo que nos elevará a mejorar como personas y a conectar mejor con los demás. Es dificil, ya que se trata de un cambio de hábitos, pero es posible. Se trata de dejar de prestar atención a los estímulos externos y empezar a escuchar nuestra alma, nuestro cuerpo y corazón, sin juzgarlos, sin opinar sobre lo que dicen, sólo escuchar su sabiduría.

Puedes hacerlo entrando en un cuarto, apagar las luces o cerrar los ojos, tratar que no haya sonidos, ni distracciones, sentarnos en una posición cómoda y empezar a sentir nuestra respiración : inhala lentamente, exhala lentamente, inhala lentamente, exhala lentamente.

Cuando entres en un estado de relajación, pregúntale a tu alma ¿quién estoy siendo? y espera un rato, que las respuestas empezarán a llegar. Si se entrometen pensamientos en tu cabeza, es normal, sólo date cuenta e invítalos a salir.

Si bien estamos separados por cuerpos físicos, estamos conectados por pertenecer a un mismo ente energético y por los mismos intereses de huir del sufrimiento y acercarnos a la felicidad.

En realidad somos parte de la misma mente, repartida en diferentes cuerpos.


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