Conectar con el momento

Solía ir rápido hacia fuera, aun sin tener prisa, quería llegar rápido. Manejaba rápido, me inquietaban los semáforos los que iban lento.


Muchas veces ni guardaba el recuerdo del camino recorrido, porque mi mente estaba en llegar rápido y mientras hacía un check list de lo que iba a hacer al llegar como para ir avanzando.


“Hay que hacer las cosas rápido, porque es efectivo y de paso así aprovecho el día para hacer más cosas, de las cuales ya mismo voy diagramando mentalmente el proceso de ejecución”


Y lo mismo hacía mientras me duchaba, cocinaba, limpiaba, escribía y etc. Y no solo de temas laborales, sino de cualquier cosa, mientras pasaba la aspiradora, estaba pensando en como debía luego limpiar los vidrios.


Incluso, en aquellas hermosas épocas que había reuniones sociales, en el taxi de ida, pensaba en como iba a estar la cosa.


Era un ansioso anticipador de situaciones que nunca pasaban como las diagramaba antes de que pasen. Pero no me daba cuenta de ello, ni de lo que me perdía al estar metido mentalmente en una fase que no existía : el futuro.




El futuro es un presente que aun no existe, y por dicha razón no puede ser controlado ni administrado mentalmente. Es un flujo constante de situaciones por venir que cambian con la participación de un factor por mínimo o poco importante que sea.


Todas las predicciones matemáticas que se puedan hacer tienen un rango de aproximación máximo, pero no absoluto.


Entonces ¿cuál era la razón de estar preparándome mentalmente para un futuro inexistente, o si queremos, fluctuante?


Lo más evidente es que era por ansiedad, pero algo no tan claro, era la búsqueda de un perfeccionismo para la situación entrante de turno.


Entonces, no sólo era un hábito absurdo que servía de poco y al contrario me generaba un estrés al cual ya estaba acostumbrado y no lo “sentía”. Todos aquello que se hace hábito, sucede en automático y de forma desprevenida para nosotros.


Además, me perdía lo que sucedía en el momento, el valioso y único momento que es el instante en el que sentimos el arraigo de la situación que estamos viviendo. El ahora.


Cuando recordamos un momento hermoso de nuestro pasado, sentimos lo que genera el recuerdo de dicha situación, y por muy hermoso que sea el sentimiento generado por el recuerdo, nunca podrá igualar a lo que sentimos durante el momento que la vivimos.


Desde aquella época hasta ahora he vivido una transformación de la cual hubiera pensado que no existía, que no servía o que no la quería. De todas doy cuenta que hubiera estado equivocado.


Transformar la forma de entender la vida, de practicarla, de intentar disfrutar más los pequeños instantes cotidianos que suelen pasar desapercibidos, de cambiar paradigmas y filtros de interpretación de circunstancias, es de las mejores cosas que me ha pasado. Es como vivir 2 vidas en una, cada una de ellas con sus pro y contras.


Es empezar a entender el camino de la vida de una forma “descontaminada”, más sana para el alma.


Una persona puede cambiar, solo necesita querer hacerlo y cambiarse las gafas.


De la mentalidad de velociraptor ansioso que tenía hace algunos años, que quería ir rápida e impulsivamente al destino sin valorar el camino, me estoy convirtiendo en un diplodoco tranquilo, observador prendido, asombrado con lo que le rodea y que disfruta del momento, así este sea poco agradable.


Es decir, intento comprometerme con el momento, disfrutar de lo que pasa en la vida y no en mi cabeza, conectar con la naturaleza, con la vida, con el asombro de las maravillas que por adaptación hedónica dejamos de valorar.


Sentir la luz del sol en la piel, ver como las copas de los árboles bailan al ritmo del viento, ver los jeroglifos que se arman en el tronco de los mismos, el color tan normal pero a la vez raro de las flores, ver los ojos de la gente sobre las mascarillas, disfrutar de la caótica ciudad, con sus ruidos, sus luces, sus autos, mirar hacia arriba y ver las terrazas de los edificios.


Sentarte en el escritorio, acomodarte, poner la música y empezar con las lecciones laborales.



Escuchar las historias que tus abuelos o padres te repiten desde hace mucho, preguntarles como fue, que sintieron y sentir ilusión en sus ojos y su voz. Asombrarse como un niño empieza a crear sus caminos neuronales a través de lo que hace y dice. Como aplica lo que aprender.


Sentir el agua caliente de la ducha recorriendo tu cuerpo, el olor del primer café, la influencia del café en el cuerpo, sentir la suavidad de la almohada cuanto recién te acuestas.


La vida está llena de numerosos estímulos diarios y cotidianos que si los “re-valoramos” nos llenaremos de plenitud. Pero por ser “normales”, poco disfrutamos por estar metidos en la rueda del hámster: ir rápido sin llegar a algún lado.


El otro día me senté en la esquina de mi casa. En una zona de jardín de poco acceso, pues está entre una avenida y la espalda de una propiedad grande. Ya había identificado el point, pues suelo pasar cerca de ahí y. Me senté y simplemente observé como pasaban los carros, como la gente caminaba o corría al frente, como el sol se iba a dormir o como los perros corrían juguetones en el parque de al lado.


Conecté con el momento. Sentí admiración por la vida y agradecimiento por tener ese estado mental único, sin pensar, sin apuros, sin estrés. Mis sentidos estaban en el momento. Sentí como me abrazaba un paz grande y enriquecedora.


Conectar con el momento.


Sentir la arena con los pies y manos, mientras el mar nos habla con tanta sabiduría pero en otro idioma, pero con un poco de lectura de lenguaje corporal podremos entender, mientras el sol se despide lentamente para dar paso al globo pálido que ilumina la hermosa oscuridad.


“Tengo capacidad de asombro” me dijo una vez un amigo “me asombro con cualquier cosa, una hormiga, una obra de arte, el mundo es un cúmulo de maravillosas experiencias” me enseñó.


Tiene razón, maravillosas experiencias que aun comunes, son diferentes cada vez, pues tanto la experiencia como nosotros, somos fluctuantes en este presente cambiante y volátil.


Conectar con el momento.

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