Cuando nos equivocamos

Cuando niños muchas veces nos equivocamos y nos quedamos callados al respecto, ya que sacamos la conclusión temprana que es mejor que los demás no se enteren, para evitar el regaño.


A un niño no le gusta ser regañado. Pero lo necesita, claro que con las formas adecuadas.


En base a este aprendizaje, ahora de adultos estamos habituados a esconder nuestros errores y si alguien los advierte, nuestra mejor reacción es esconderlos o desviar la atención con un "pero y tu la otra vez".


Nos ponemos a la defensiva para evitar manchas que dañen nuestro Ego, reputación, autoimagen, autoestima, CV, etc.


Nos hemos acostumbrado a esconder nuestros errores, ya que de niños aprendimos que ello significaba protección. Y de no dar cuenta de ello, seguiremos comportándonos como en su momento lo decidió un niño de 6 años. O menos.


A día de hoy, nos equivocamos y sentimos reparo de reconocerlo. Tenemos muchos archivos guardados de reprimendas, castigos, burlas que en su momento nos causaron ciertas emociones que no queremos revivir.


Y por ello tendemos a negar nuestros errores. Esto es normal, solo hay una falta de trabajo psico-emocional.


Primero hay que establecer 2 conceptos: somos seres humanos imperfectos en un constante proceso de aprendizaje, razón por la cual el error es consustancial a las personas, sin importar edad o experiencia. Siempre nos vamos a equivocar, todos.


Hay que quitar esa etiqueta descalificativa al error humano.


En segundo rol, además de sentirnos con derecho al error, debemos respetar ese derecho en otros, no juzgándolos ni señalándolos. Todos tenemos esta imperfecta humanidad.


Cuando nos equivocamos y tenemos la suerte de reconocerlo, es preciso comunicárselo a la persona que entendemos hemos fallado, a través de una disculpa. Esta acción simple sostendrá nuestra relación con dicha persona. Y elevará nuestra integridad personal.



Además de ello, una persona que se disculpa por iniciativa propia, demuestra una seguridad en si misma absorbente. Empieza a ganarse la confianza de los demás, punto necesario para el buen liderazgo, pero ese es otro tema.


Por el contrario, de no disculparnos generamos desconfianza y resentimiento en el otro. Y esto crea un efecto bola de nieve a futuro. Cada vez confiaremos menos en quien no admite su responsabilidad.


Para lograr ello, no es tan adecuado decir “te pido disculpas” ya que así trasladamos la responsabilidad de aceptar las disculpas a la otra persona. Es una forma de proteger nuestra vulnerabilidad imperfecta.


Es más efectivo ir directo con un “discúlpame” ya que de esta forma no dependemos de la aceptación de la otra persona. Con esta simple palabra, aceptamos nuestra responsabilidad por el error y así protegemos la relación. Además de ello crecemos como seres humanos, le perderemos el miedo a equivocarnos y ello nos hará más proactivos.


Entiendo que hay muchos componentes psico-emocionales en juego al aceptar nuestra imperfección. Y también en la otra persona, para no tomarlo como situación aprovechable.


Pero no controlamos los entendimientos del otro, si los nuestros. Es preferible liberarnos de la carga emocional del error, a evitar disculparnos por lo que el otro pueda pensar.


Ya sabemos que equivocarse es de humanos y perdonar es de divinos.


Agreguemos que disculparse es de sabios.


Mientras más aceptemos nuestra humanidad y reconozcamos nuestros errores, más sabios nos volveremos.


Y generaremos mejor relaciones sociales.

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