El tabú social de la autoestima

Actualizado: oct 31

Estamos formados para evitar hablar de nuestras necesidades emocionales, porque se entiende como debilidad.


Sentir, pena, tristeza, depresión, ansiedad, miedo, inseguridad, sentirse decaído, el sentir que “no podemos” con algo, está mal visto, por más que sea consustancial a la existencia humana. No podemos ser humanos sin sentir. No existimos sin sentir.


Entonces lo escondemos. Pero aquí está el secreto: todos sentimos por dentro, emociones que no queremos mostrar por fuera. Emociones que nos encadenan, nos pesan, nos castigan.


Los paradigmas sociales nos limitan para reconocer que estamos pasando por un momento de “transición” emotiva. Nos exigen ser fuertes, energéticos, solucionadores, líderes 24/7, ejemplo de otros y muchos etc. Y en todo este concepto, hay poca humanidad.


Ello no es posible.


Dentro de estos estados emocionales transitorios, podemos encontrar a la autoestima como la representación de cómo estamos en determinado momento de nuestra vida.


Tomando la definición de McKay y Fanning (Autoestima, evaluación y mejora, 1991), la autoestima es el concepto que se tiene sobre la propia valía, y se basa en todos los pensamientos, sentimientos y experiencias que sobre si mismo ha recogido la persona en toda su vida. Ello en su conjunto, genera una apreciación positiva o negativa de si mismo.

A partir de aquí podemos entender que es la idea que una persona tiene sobre las posibilidades de enfrentar las situaciones de su vida, desde las más simples, hasta las más complejas.

Para entenderla mejor, podemos insertar un par de diferencias:

El autoconcepto es la imagen que se tiene de uno mismo dentro de mundo. La autoestima es como se siente esa imagen que hemos creado, dentro de ese mundo.

La seguridad es la actitud con la que enfrentamos nuestras situaciones. Para alguna situación, podemos ser muy seguros y confiados, mientras que para otras situaciones demostraremos inseguridad. La autoestima es como nos sentimos con nosotros mismos a pesar de no estar enfrentando situaciones.

La raíz de nuestra autoestima radica en las palabras con las que nos nutrieron durante nuestros 6 primeros años de vida. A partir de ahí, creamos un mapa mental mediante el cual interpretamos nuestras experiencias, pudiendo ello incrementar o disminuir la idea que tenemos de nosotros mismos.


Toda esta información conducida a través de palabras, actitudes y otras formas de los demás, van creando la idea que tenemos de nosotros.


Una persona puede pasar toda su vida con autoestima baja, por razón de alguien que la nutrió con palabras inadecuadas.


Está bien que por principio de autoridad, cuando éramos niños recogiéramos como una declaración absolutista lo que nos decían. Pero dentro de nuestro proceso de aprendizaje, si no corregimos rápidamente la forma en que la aprendemos algo, repetiremos ese aprendizaje hasta que se fortalezca y se cree un hábito o programa de reacción automática. Y luego será difícil salir de ahí.


Si nos hemos acostumbrado toda la vida a recoger lo que nos dicen o como nos tratan, sin desarrollar la capacidad de filtro, seguiremos cargando con esa basura que nos echan los demás, sin darnos cuenta que les pertenece a ellos, no a nosotros, y que tenemos la posibilidad de no aceptarla.


Las palabras y actitudes de los demás, no tienen que ver con nosotros sino con quien nos la dice y en el momento en el cual se encuentra. Debemos aprender a escoger que nos sirve y que no.


Debemos seleccionar que queremos meter a nuestra mochila de vida. Es momento de limpiar la basura y llenar nuestra cabeza con entendimientos que nos aporten valor.



A que ya llegaste a la conclusión : la autoestima no es un factor inmutable, por el contrario es flexible y moldeable como arcilla.


Una persona con baja autoestima lo manifiesta de esta forma:


- Tiene miedo a la incertidumbre

- Se frustra fácilmente

- Tiene la necesidad de estar con alguien (mala elección de pareja)

- Tiene ausencia de metas, o de resultados positivos.

- Es autodestructiva (resentimiento, se pelea con la gente, se aisla, se puede sacrificar con tal de “dar una lección”).

- Tiene dependencia de la aprobación ajena.

- Adopta un papel de víctima, sintiendo que lo bueno o malo que le pasa, depende de los demás. Se siente incapacitada para dominar su propia vida.

- Le gusta juzgar, criticar y culpar.


Una persona con alta autoestima :


- Se siente bien estando solo consigo.

- Toma riesgos calculados

- Persevera a pesar de la frustración.

- Se propone metas reales y lucha por alcanzarlas.

- Se reconoce como creador de lo que le sucede, le guste o no.

- Presta más importancia a su propia opinión, que a la opinión ajena (Locus de referencia interna)

- Acepta otra formas de hacer las cosas, opiniones e ideas. No juzga, no critica.


¿Cómo hacer para elevar nuestra autoestima?


Es sencillo, pero no es fácil. Se trata de identificar nuestras creencias ancestrales limitantes y modificarlas. Se trata de ubicar esa “realidad cognitiva” en la que vivimos, cuestionarla y crear aquella realidad que queremos.


Se trata de cambiar hábitos, poco a poco, baby steps.


Hay muchas dinámicas, entre ellas elevar la consciencia de tus relatos internos para ver como te tratas, y de ser necesario cambiar tus conversaciones al positivo en 2da persona singular: tú puedes. Otra muy importante es observar neutralmente los hechos, sin juzgarlos.


Pero lo más importante está en el poder de la intención para alcanzar ese cambio.


Cuando uno alimenta su autoestima, ello se refleja positivamente en todos los sistemas de los que forma parte: familiar, laboral, social, relacional, etc.


Una persona con estima alta, es más eficiente, productiva y con mejor alcance de influencia.


Reconozcamos su importancia. Cuidémosla.

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