Cuando aparece la frustración

November 19, 2017

Cuando estábamos en proceso de creación de la identidad corporativa de Nexus, Pepe hizo una pequeña dinámica de coaching por valores, en la que determinamos cuales serían los valores que nos moverían hacía nuestra misión.

 

Los valores son los componentes que crean el sentido a lo que hacemos, y que forman la carretera sobre la que Nexus recorrerá su camino hacia el punto de inicio. Y digo punto de inicio, porque en ningún momento sentiremos que habremos llegado, sino que estamos continuamente comenzando. Con ello pienso que evitaremos el conformismo y aceptación de logro que podría ralentizar nuestro camino ascendente.

 

Entendimos la solidaridad como nuestra labor social con la gente de menos recursos que necesita reordenar su estructura de creencias y así contribuir con el cambio de mentalidad que radicalmente necesita nuestro país, en varios ámbitos. Es necesario dejar el victimismo e impotencia en los que nos encierran las circunstancias que vivimos y empezar a buscar frenéticamente lo que queremos para nuestra vida y empezar a mirar hacia dentro para buscar responsables y también para encontrar héroes que nos lleven a nuestra situación ideal. Hace mucha falta un proceso de autoconocimiento.

 

En base a la solidaridad fue que decidimos hacer conferencias y conversatorios de forma gratuita, ya que la satisfacción de saber que aportamos un grano de arena para que el país empiece una transformación ideológica es tan o más grande que una contraprestación económica.

 

Cuando las personas se nos acercan al final y nos agradecen con un abrazo y un brillo de ilusión en los ojos por tener nuevas herramientas para cambiar sus circunstancias, vale mucho. Sentir que hacemos algo por mejorar la mentalidad del peruano, vale muchísimo.

 

Tenemos un convenio con el Ministerio del Trabajo, mediante el cual conferenciamos en las ferias de empleo que organiza. En estas ferias básicamente asiste gente que está en búsqueda de empleo. Hemos estado con gente que ha perdido su puesto de frutas por falta de licencia, pasando por choferes, cocineros, personal de limpieza, profesores, hasta un gerente despedido. Y un largo etc.

 

La dinámica grupal casi siempre es similar, empiezan bostezando, alguno durmiendo, varios inertes y unos pocos atentos y entusiastas. A medida que pasan los minutos la situación empieza a calentarse y las miradas cambian, la gente sentada al borde de la silla inclinada haica delante como queriendo acercarse al expositor para prestarle toda su atención y muchísimas manos arriba para expresar opinión. Los ojos brillando y sonrisa de gratitud en la mayoría.

 

Al final, las personas se acercan a agradecer y a pedir por favor que les demos nuestra tarjeta. Nos han enviado CVs para que les demos nuestro punto de vista y han querido practicar entrevistas de trabajo. Recuerdo una vez que una señora me mandó un correo, con una oración grandísima y terminaba diciendo que lo que hacíamos no tenía precio y que agradecía a Dios por haber asistido a la charla y le rogaba para que nos dé su bendición.

 

Sentir que puedes compartir tantos conocimientos importantes y otras cosas tan básicas que para mi sorpresa, mucha gente lo toma como un gran secreto, nos crea una enorme satisfacción. Sentir que contribuimos con algo al cambio de mentalidad, erradamente programada social y coyunturalmente, nos mantiene firmes en nuestro propósito. Total, el coaching está para eso, para que cada quien revuelva su cajón interno para encontrar las herramientas olvidadas que ayudarán a improvisar su propósito y sus resultados.

 

Hoy me tocó un público difícil. Nada conectado y creo que tiré la toalla antes de lo debido para conectarlos. Salvo unos 6, veía caras de obligación de estar ahí. Poca gente prestaba realmente atención y no podía ganarme la mirada al dormilón de turno. Empecé a juzgar mucho mi rendimiento mientras seguía hablando ¿Qué estoy haciendo mal? ¿Qué estoy proyectando? ¿Cuánto me estoy esforzando? En este punto radicó mi primer error: no estaba presente. Mientras exponía, estaba pensando en mi rendimento.

 

De a pocos la gente se empezó a ir y con ellos se iba mi energía y ganas de darles una ilusión para solventar cualquiera que fuera la situación que los puso en esa silla. Me empecé a desanimar con cada pregunta que les hacía, ya que nadie respondía y dentro de mi empezó a desaparecer el coach y empezó a aparecer un profesor tomando examen oral.

 

Al terminar me había ganado la frustración, no logré conectar a la mayoría de los asistentes. Empecé estas líneas conmovido por la frustración y amargura por lo que califiqué una derrota conmigo mismo.

 

Sin embargo al escribir los resultados que usualmente tenemos me doy cuenta ahora, que la sensación de derrota es sólo la que yo decido apreciar y no la que determinó la gente,  que al final prácticamente me quitó de las manos las tarjetas como si de niños y dulces gratis se tratara.

 

Ahora doy cuenta que de a poco me fui metiendo en una frustración irracional, creada sólo por mi al ver sillas vacías. Perdí con mi juicio de querer ser el mejor y olvidé la finalidad primordial por la cual estuve ahí parado: el bienestar colectivo. Me debo a los demás y no a mi ego.

 

Y olvidé de mi axioma personal: si mi mensaje le llega si quiera a una persona, ya estoy satisfecho.

 

Al final de la conferencia me volvieron a agradecer y preguntar cuando volvía y regalé tantas tarjetas como siempre.  Lo hice yo, fue mi observación y no la realidad, tal como nos pasa muy seguido en la vida. Vemos lo que decidimos ver y no siempre es lo más beneficioso para uno.

 

Y escribir estas líneas me trae a cuento una herramienta muy poderosa para superar las emociones impopulares como la frustración, el desánimo, la falta de confianza, la tristeza y la escasez:

 

Al escribir nuestros logros, somos conscientes de nuestro real valor y capacidad y destilamos neurotransmisores deliciosos para nuestro cuerpo.

 

Empecé a escribir frustrado, sin querer me hice self-coaching y termino de escribir muy satisfecho.

 

Se trata de ser la mejor versión de uno mismo. Y yo tengo tarea al respecto.

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