Cuestionar el satus quo para recalificar la realidad

April 17, 2018

Cuando somos niños funcionamos como una esponja, integramos a nuestro mundo todo lo que vemos, escuchamos, pensamos y sentimos. Esto debería cambiar con el tiempo, sin embargo nos adaptamos a este sistema de aprendizaje y por costumbre, ya de mayores, seguimos otorgando veracidad a la mayoría de estímulos que recibimos.

 

Es por ello que los humanos somos seres fácilmente influenciables y cada pequeño bit de información que entra en nuestro sistema, nos influencia a tal punto que cimentará las bases de nuestra forma de pensar y sentir.  Por más pequeña e irrelevante que parezca la información, influencia en nuestra forma de ser.

 

Por más que seamos los seres más racionales e inteligentes que hay en este mundo, diseñamos nuestra forma de entender las cosas con mentalidad de rebaño, creyendo que lo correcto es hacer lo mismo que la mayoría de personas, y de acuerdo a cánones socio-temporales, sin cuestionar el status quo, lo que nos lleva a creer que estamos haciendo lo correcto para nosotros, cuando en realidad ni siquiera hemos tomado la decisión de evaluarlo.

 

La excepción se da en aquella persona que logra desarrollar consciencia de si misma y aprende a gestionar sus pensamientos con un criterio lógico-racional para cuestionar la información proporcionada por los estímulos internos y/o externos, y determinar si esta información le sirve y beneficia para luego incorporarla a su ser. Y aquel estímulo o información que identifique como innecesario o perjudicial, la podrá desechar.

 

 

Muchas de las cosas que vemos, escuchamos, pensamos o sentimos, no tienen el fundamento necesario para creer en ellas y mucho menos para luego convertirlas en una creencia que aceptamos como realidad certera. La única realidad, es que percibimos las situaciones según lo hemos decidido de forma subconsciente al otorgarle un significado en algún momento de nuestra vida y a partir de aquí difícilmente volvemos a cuestionar su absolutismo.

 

No solemos cuestionar la calidad o nivel de beneficio que nos produce un aprendizaje primigenio.

 

Cuando tomamos la oportunidad de cuestionar la realidad diseñada por ese aprendizaje, nos daremos cuenta de su nivel de beneficio propio, ¿cómo me beneficia creer esto? Se trata sólo del significado que le hemos dado a las cosas, no de las cosas en realidad. 

 

Cuando analicemos nuestra forma de entender el mundo, tendremos la oportunidad de cambiarla conscientemente a nuestro criterio y para nuestro beneficio.  Ello sólo se podrá lograr con gran esfuerzo, ya que se trata de cambiar hábitos intangibles, que no los vemos o controlamos con facilidad, y que son los que generan nuestro comportamiento automático. Ese que usamos para casi todo lo cotidiano, desde cepillarte los dientes por la mañana, hasta ponerte el pijama por la noche.

 

Para ello es necesario desarrollar nuestra capacidad de pensamiento crítico, cuestionar los colores con los que hemos decidido pintar nuestro mundo. Así nos daremos cuenta si en realidad esos colores aportan valor a nuestra vida, o si por el contrario restan valor.  Si nos lo resta, deberíamos cambiarlos de inmediato.

 

Los seres humanos pensamos de manera productiva por necesidad, cuando debemos estar firmemente concentrados para resolver temas laborales, personales, o de cualquier índole. Cuando debemos. Luego de ello, cuando ya no necesitamos estar concentrados, dejamos de pensar. Y empezamos a sentir sin discriminar la realidad o beneficio de ello. A partir de aquí, actuamos en automático, en forma reiterativa y con un criterio lógico de bajo estándar.

 

Por ejemplo, cuando llegamos a casa del trabajo y encendemos el televisor, apagamos ese criterio racional para determinar la veracidad y beneficio de lo que vemos o escuchamos. Al estar desconectados de nuestra racionalidad, nuestro ser integra todo lo que sale del aparato. ¿Hace cuánto creemos todo lo que dicen los noticieros sin cuestionar su lógica o beneficio de creerlo? ¿Cuánto me sirve escuchar terribles noticias que sólo me van a generar miedo, depresión o revancha social? ¿Cuánta necesidad hay de llenar mi cabeza con esto? Pues esto nos influencia de tal forma que moldea de a pocos, nuestro ser interior.

 

Imagina que es lo que pasa con nuestro cuerpo físico cuando comemos chatarra. La mayoría de lo que sale de un televisor es chatarra para el alma, y debemos decidir si la queremos dentro o no.

 

Lo mismo pasaría si alguien nos dijera, por ejemplo que en Burundi, un país al que difícilmente iremos, se habla castellano fluido del siglo XVI. Probablemente lo creeríamos sin cuestionar los fundamentos lógicos de la información o fidelidad de la fuente.

 

Igualmente, cuando buscamos algo en internet, la mayoría de las personas no cuestiona la información detallada por Wikipedia, aun sabiendo que es un editor común, en el que cualquier persona puede publicar o modificar la información.

 

De igual forma sucede cuando viralizamos publicaciones en las redes sociales, de alguna persona que no conocemos, sobre una supuesta injusticia que no nos consta, y que suelen ir acompañadas sólo de alguna foto de la persona cuyo ajusticiamiento popular se reclama, cuando en realidad esa foto no prueba nada más que la existencia de esa persona. No tenemos fundamentos para creer en la información o en la fuente. Pero automáticamente exigimos justicia.

 

¿Cómo podemos mancillar la reputación de una persona sin cuestionar la veracidad o fundamento de los hechos que la describen?

 

Lo mismo pasa con nuestras creencias de la vida, de nuestra realidad, de nuestra real capacidad. En alguna situación de nuestra vida, sucedió algo que nos hizo pensar y sentir de alguna forma o nos dijeron algo, o vimos algo y en base a ello, decidimos subconscientemente otorgarle ese significado de forma absoluta y probablemente nunca lo volvimos a cuestionar.

 

Es probable que el significado que le dimos en su oportunidad no sea el correcto, o no sea el mejor. Es necesario cuestionar la información, la fuente, el beneficio de creer en ello.

 

Es posible desarrollar ese pensamiento crítico para cuestionar lo que creemos y cómo nos calificamos a nosotros mismos, y si nos damos cuenta que no nos beneficia, es nuestra responsabilidad cambiarlo por algo que potencie nuestra capacidad humana de ser.

 

Debemos recalificar nuestras creencias y asumir nuestra responsabilidad de buscar la vida que realmente queremos.

 

 

 

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