Las personas no sabemos pensar

June 1, 2018

Es un hecho biológico que tanto personas como animales tenemos la capacidad y bendición de pensar. Sin embargo esta capacidad no es igual para ambos,  la diferencia es que las personas tenemos la corteza cerebral más desarrollada que los animales, razón que nos hace más inteligentes que ellos, en teoría la mayoría de las veces.

 

A pesar de tener la capacidad biológica de pensar, no sabemos hacerlo.

 

Imagina que a un niño pequeño le damos un cheque por US$ 20 millones. Tendrá en la mano la posibilidad de hacerse rico, pero no sabrá como beneficiarse de ella. Jugará con el cheque, lo morderá, babeará, romperá, tal vez logre divertirse un rato con el cheque, pero no podrá beneficiarse del máximo potencial de tenerlo en su poder. Lo mismo ocurre con las personas y nuestra insoslayable capacidad de desarrollar nuestra capacidad mental.

 

Tenemos 3 niveles de pensamiento:

 

El nivel 1 se realiza en la corteza cerebral, lo que se conoce como cerebro racional, inteligente o consciente, es el que estás usando para leer estas líneas y para resolver situaciones adveras, encontrar soluciones o crear material. Es el que utilizamos para “pensar”.

 

El nivel 2 de pensamiento, se realiza en el sistema límbico, lo que se conoce como cerebro emocional, impulsivo o subconsciente. Es el archivo en el que guardamos todas las experiencias sociales y emocionales que han delineado nuestra personalidad. Aquí guardamos información que hemos olvidado, pero no eliminado. Aquí esperan agazapadas, como ave rapaz acechando a su presa, nuestras somnolientas creencias irracionales, que determinan luego nuestros patrones de conducta. Se trata del nivel de pensamiento que utilizamos para sentir.

 

El nivel 3 se produce en el tallo encefálico, lo que se conoce como cerebro reptiliano o inconsciente, es el que maneja las funciones básicas el cuerpo, digestión, presión, ritmo cardiaco, respiración, etc. Es el único cerebro que viene con memoria desde nuestro nacimiento y es el único de los 3 que tenemos, que no podemos controlar.

 

Cuando pensamos, en stricto sensu, lo hacemos con la parte inteligente del cerebro, en el nivel 1.

 

El cerebro recibe millones de bits de información al día y prestarle atención a toda esa información es realmente desgastante y poco probable. Entonces ¿qué hace nuestro cerebro? Se enfoca en lo que considera realmente importante y lo que no considera así,  deja de prestarle atención para hacerlo en piloto automático.

 

 

Imagina que vas caminando por la calle y entra un correo de tu jefe. Primero intentarás adivinar que querrá, mientras abres el correo y empiezas a leerlo. A medida que lo vas leyendo,  procesas la información, las palabras forman un contenido que vas creando en tu cabeza y empezarás a buscar respuestas, e incluso si es muy importante o eres muy ansioso empezarás a responder.  Mientras hiciste todo esto, no te acordaste que estabas caminando, pero lo seguiste haciendo, en piloto automático.

 

En este ejemplo, el enfoque racional se lo ha llevado el correo, al cual pusiste toda tu atención y recursos mentales, mientras que la tarea de caminar pasó a un segundo plano y se empezó a hacer sin prestarle atención y sin la debida prolijidad y cuidado, pues al invertir muchos recursos al correo, disminuiste los mismos para las otras tareas que estabas haciendo al mismo tiempo.  Es decir, sacas de un lado, para poner en el otro. Se perdió el equilibrio.

 

Pensaste en el correo y dejaste de pensar en caminar. Tal vez cuando vuelvas a ti, puedas estar parado en mitad de la vereda sin moverte o te has chocado con alguna otra persona o incluso puedes estar en la pista sin haberte dado cuenta. Esta acción de caminar la hiciste sin pensar, ya que tu enfoque estaba en la tarea que decidiste darle mayor importancia.

 

Se trata de un multitasking en toda regla, en el cual siempre habrá una tarea predominante sobre la demás, la que mejor se haga en perjuicio de las otras por inversión de recursos. De un 100% de recursos cognitivos que tenemos, durante un multitasking destinamos la mayoría para la tarea principal y dejamos a las demás con poca lana. Es como la manta, si nos cubrimos la cabeza, descubrimos los pies.

 

Y la relevancia a las tareas la designamos nosotros, a cada momento, en cualquier cosa que hacemos. Es aquí donde empezamos a no saber pensar.

 

Estoy acostumbrado a recorrer distancias cortas de la ciudad en bicicleta, y ello me da la posibilidad de observar a los conductores de autos desde inusual perspectiva, que me ha permitido ver algo alucinante: las personas chatean mientras manejan.

 

Es decir, deciden dirigir su enfoque racional con su consecuente inversión de recursos, aunque sea por pocos segundos, a la conversación del chat, dejando la conducción del auto en un segundo plano, que se hará de forma automática y sin los recursos cognitivos necesarios para ello, de forma no consciente y no inteligente.

 

Y creen que por un par de segundos que alejen la vista del camino, mientras chatean, no pasará nada. Estas personas no saben pensar, deciden darle predominancia a la tarea de trivial importancia y dejar de lado la más importante. Prefieren sacudirse la curiosidad que les genera el chat, a coste de ocasionar daños para ellos mismos, para terceros, para su auto, para la comunidad y etc.

 

Es una decisión propia, tomada en la mente racional. Decidieron que era más importante leer y contestar el chat y lo de manejar ya pasa a un segundo plano. Y se pueden colgar del paradigma del mar, que siempre viene y siempre se va. Es decir, como ya antes lo han hecho y nunca les pasó nada, piensan que nunca les va a pasar. Hasta que algún día sucede algo, que les hace perder fe en el paradigma del mar a un coste que podría ser muy caro.

 

Me refiero a que no sabemos sacarle provecho a nuestra capacidad cognitiva.  Tenemos la posibilidad de pensar de forma extraordinaria, pero no la aprovechamos.

 

Llamo pensar a ese enfoque direccionado y con plena atención a lo que estamos haciendo, como cuando estamos trabajando, concentrados en nuestras labores, discurriendo ideas e inteligencia. Cuando trabajamos o necesitamos resolver una situación, nuestro enfoque racional está concentrado en lo que estamos haciendo, estamos pensando, estamos siendo inteligentes para la tarea en si.

 

Durante ese mismo instante hay muchos otros factores que están siendo parte de nuestra existencia, sonidos, sensaciones, situaciones que pasan a nuestro alrededor, para las cuales no estamos siendo inteligentes, ya que no le estamos prestando debida atención.

 

Sin embargo cuando terminamos de trabajar, decidimos apagar nuestra consciencia y racionalidad, para entrar en automático y ahí es cuando dejamos de ser inteligentes. Dejamos de pensar de forma enfocada y beneficiosa, y nos ponemos a merced de los pensamientos irracionales e inútiles que entren en nuestra cabeza sin ser conscientes de ellos, y por extensión tampoco de lo que sucede a nuestro alrededor.

 

Cuando a alguien le roban el celular mientras camina por la calle, cuando hay un accidente de tráfico, cuando 2 personas se chocan por estar caminando mirando el celular, cuando dejó el preservativo, cuando pensó que nadie lo estaba viendo, cuando olvidamos que formamos parte de una sociedad que debemos respetar, cuando sucede todo esto es porque no estamos sabiendo pensar. Y lo digo en gerundio porque se trata de una situación estacional que va a cambiar en aquel momento en que si pensemos enfocadamente.

 

Es necesario cambiar nuestros hábitos y empezar a desarrollar nuestro criterio lógico-racional para las tareas que estamos ejecutando. Debemos empezar a tomar consciencia de lo que estamos haciendo y cuestionar la forma de hacerlo, así como las variables que rodean la situación.

 

¿Qué estoy haciendo? ¿Cómo lo estoy haciendo? ¿para qué lo estoy haciendo así? ¿Cómo está mi entorno? ¿Cómo estoy yo ahora mismo?

 

Tenemos la gran capacidad de obtener mejores resultados en nuestra vida si tan sólo decidimos no apagar nuestra consciencia neuronal y empezamos a concentrarnos en las actividades que estamos haciendo. Ya lo han expresado muchos directivos y empresarios exitosos, el multitasking no funciona. Para hacer algo bien, debemos enfocarnos en ello y cuando terminemos vamos a por otra cosa.

 

Entonces para aprender a pensar, ordena tus prioridades, determina qué es lo más importante, enfócate en ello y visualiza las posibles consecuencias que originará la forma en que lo haces. No estás solo en este mundo, todas tus acciones involucran consecuencias para terceros. Y es muy importante, que tomes consciencia de cómo estás en el momento de realizar la tarea ¿Es el mejor momento para hacerla?

 

Toma consciencia de lo que haces, piensas, sientes y dices. Decide cual es tu tarea relevante y enfócate en ella, utiliza tus mayores recursos para obtener el mejor resultado. Aprendamos a beneficiarnos de nuestra enorme capacidad racional.

 

En lugar de ir en automático,  presta atención a ti, a tu entorno, a lo que haces, piensas, dices y sientes. Habrá mucha diferencia en tus resultados cuando lo hagas.

 

Aprender a pensar, es enfocarte en el aquí y el ahora.

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