El arte de conectar con las personas

July 4, 2018

Empecemos por lo más fácil: no somos máquinas. Somos seres humanos compuestos por cuerpo, mente y emoción. Funcionamos a través de la conexión indivisible de estos 3 factores y lo que inicia afectando a uno, terminará afectando a los demás.

 

Para que una persona tenga un óptimo desempeño en cualquier ámbito de su vida, necesita equilibrio en este trinomio y para lograrlo es necesario darnos cuenta que nos está pasando para en función de ello, tomar las medidas adecuadas en busca de dicho equilibrio.

 

Es como un círculo vicioso, en razón de lo que pensamos, sentiremos y en base a ello tendremos reacciones corporales. Y podemos darle la vuelta a la ecuación de la forma que queramos, ya que el orden de los factores no alterará el producto.

 

No somos máquinas, somos seres constituidos un 33% por emocionalidad pura que nos mueve y nos afecta. Tenemos derecho a sentir nuestros problemas y a hundirnos en nuestras preocupaciones. Luego tendremos el deber de salir de ahí, pero dada nuestra humanidad, tenemos el derecho de sentir y preocuparnos. E inevitablemente, esto afectará nuestra respuesta racional y física.

 

Esto quiere decir, que somos como una montaña rusa emocional, que sube y baja con relativa rapidez, modificando nuestros parámetros de respuesta cognitiva ante situaciones iguales o similares. En otras palabras, ante un mismo problema o situación, nuestra respuesta tendrá distinta calidad de eficacia según el estado emocional en el que nos encontremos en la ocasión.

 

Una misma persona no se desenvuelve de igual manera cuando está con elevados estados de energía o  emociones ricas, que cuando tiene bajos estados de energía, o emociones feas.

No somos máquinas, somos seres emocionales.  Y sigamos con la parte más difícil.

 

Incluso no es tan fácil reconocernos a nosotros mismos, sentirnos y evaluarnos emocionalmente en determinado momento. Es fácil sentirnos en momentos de euforia, ira, o tristeza profunda. En dichos momentos, es mejor no prometer, ni hablar en caliente, ni tomar decisiones importantes. Pero en todo caso, son momentos de fácil reconocimiento y no tan fácil dominio.

 

Pero no sucede lo mismo cuando las emociones son de baja intensidad. Estamos en todo momento metidos dentro de una emoción, sólo que puede ser de tan baja intensidad que no nos damos cuenta. Son estos momentos en los que nos cuesta reconocer como estamos, no tomamos consciencia de ello, pues es imperceptible.

 

Y más difícil aun, es reconocer la emocionalidad de los demás. Incluso para muchas personas, es difícil reconocer el derecho de los demás a ser seres emocionales.

 

 

 

 

A veces vamos tan ensimismados en nuestras preocupaciones, que no reconocemos el derecho de los demás a sentir sus propios problemas.  Es decir, hay momentos en los que pensamos que somos los únicos capaces de sentir, que somos los únicos que tenemos problemas. Y por esta razón, la llamo la parte difícil.

 

No somos máquinas, somos seres emocionales. Todos, también los demás.

Y para poder dar nuestro mejor rendimiento, en base al estado emocional en el que nos encontramos, necesitamos ser comprendidos.

 

No le podemos pedir a una persona que está sumida en una serie de problemas, que su productividad sea la misma de siempre.  Debemos reconocer su estado emocional para poder comprender su relación con el mundo en determinado momento.  Como ya mencioné, ante una misma situación, nuestra respuesta puede ser más o menos eficiente, según nuestro estado emocional, ese mismo que tal vez no sepamos definir con precisión.

 

Entonces, para aumentar nuestro liderazgo es necesario potenciar la capacidad creativa y productiva de nuestros colaboradores. Debemos reconocer lo que se les da mejor hacer y ser conscientes que no son máquinas, que tienen emociones que los acompañan a donde vayan.  Y la emoción e intensidad de la misma, marcará diferencias en su desempeño.

 

Es necesario conectar para comprender.

 

Conectar con las personas es todo un arte. No sólo se trata de preguntar como está, no se trata de ser carismático, de caer bien, de dar confianza, pues eso es simpatizar en lugar de empatizar. Simpatizar es caer bien, empatizar es acompañar.

 

Conectar con los demás es como un baile, en la que las partes van fluyendo y apoyándose mutuamente, como si de un tango se tratara.  El problema está en como haces para que la persona con la que quieres bailar, acepte bailar contigo.

 

Cuando conectamos con los demás se crean vínculos afectivos y de confianza,  permite encauzar  emociones y limpiar nuestro parabrisas de vida. Una persona con la que conectas es una persona que se siente comprendida. Una persona que se siente comprendida es una persona agradecida, y una persona agradecida, es una persona con buena energía y disposición para mejorar. Es decir, al conectar con una persona, estas influyendo sobre ella para ponerse tu camiseta.

 

Cuando conectas con una persona la estás ayudando a limpiarse y desarrollarse, la estás ayudando a mejorar. Cuando conectas con una persona, te das la posibilidad de ganar nuevas herramientas para la construcción de tu camino de vida.

 

Como expone Marinoff,  como animales sociales que somos, somos más fuertes en grupo y cuando aunamos esfuerzos para alcanzar una meta en común.

 

Es importante reconocer que las personas tienen picos emocionales hacia arriba y hacia abajo, y estos picos modifican la calidad de su rendimiento.  Al conectar con las personas,  equilibramos un poco estos picos emocionales, como tomar una cucharada de paz y calma.

Cuando conectas con otra persona se crea una sinergia entre ambas, una fuente energética que posibilita la colaboración y desarrollo mutuo, se crea un nuevo ente, un binomio cuya esencia es más poderosa que la suma de sus partes.

 

Al conectar con los demás ampliamos nuestras posibilidades de ser y estar en el mundo. Nos volvemos más fuertes, formamos equipos de alto rendimiento, al crear sinapsis entre las personas generando redes protectoras para todos los integrantes.

 

El mundo es mucho más fácil cuando sabes que tienes una red de vínculos emocionales dispuestos a acompañarte y ayudarte.

 

 

 

¿Cómo conectar con los demás?

 

Siempre sonreír mirando a los ojos, preguntar y escuchar la respuesta a lo preguntado, ahondar sobre lo que nos está contando, incidir en ello, parafrasear, practicar el efecto espejo o rapport, es decir imitar su postura, su entonación, su mirada.

 

Y por supuesto, empatizar que no es otra cosa que aceptar la humanidad de las personas y reconocerla, valorarla y acompañarla. No se trata de simpatizar con un “a mi me pasó lo mismo” sino de hacerle saber que reconoces su humanidad y que estás dispuesto a acompañarla.

 

Demostrar que aceptamos la bondad humana de ser una tercera parte, emoción pura.

 

Practica tu capacidad de conexión, la vida es una red de contactos emocionales.

 

 

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