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  • Daniel Castro Adrianzén

Las 5 leyes de la fortaleza humana

Actualizado: oct 5

Las motivaciones básicas de nuestra existencia son buscar la felicidad y evitar el sufrimiento.


En razón de ello gastamos tiempo, esfuerzo y dinero en buscar aquello que queremos, y muchas veces no lo conseguimos, porque perdemos el interés, la motivación, nos olvidamos y sobre todo porque renunciamos.


Ello se aprecia a simple vista en los populares objetivos de cada año nuevo, que después de la euforia del cambio de año, perdemos motivación y nos retiramos del reto.


Es muy común renunciar a lo que queremos.


Pero otras veces ni si quiera lo intentamos porque a priori pensamos que no lo vamos a obtener o que no lo merecemos.


Incluso muchas veces no sabemos lo que queremos. Vamos por la vida intentando escalar la escalera del éxito y un buen día nos damos cuenta que dicha escalera está apoyada en la pared equivocada.


Nuestras experiencias han producido muchos “imposibles” mentales a los cuales hacemos demasiado caso. Por ello no buscamos lo que queremos o si lo hacemos vamos tímidamente sin esforzarnos mucho para luego decir "al menos lo intenté".


La mayoría de nuestros límites los hemos creado nosotros mismos en la cabeza. Y como creadores de los mismos, los podemos cambiar.


Puedes conseguir todo lo que quieres, siempre que sea humanamente posible y esté dentro de tus posibilidades según la etapa de vida en la que te encuentres, trabajando en lo que proponen las 5 leyes de la fortaleza humana:


1) Ley del Propósito.


Tu esencia es la forma en la que entiendes el mundo, sin la influencia de los condicionamientos sociales que te hacen copiar lo que hace la mayoría.


Es esa voz que te habla desde dentro, como si fuera un niño diciéndote aquello que quiere, que sueña y le ilusiona, sin creencias limitantes, que vive con el corazón, sin juzgarse ni juzgar lo que quiere.


Tu esencia es tu niño interior que sabe quien eres debajo de todas las etiquetas que te has ido poniendo en tu vida: soy una profesión, un nombre, un conjunto de características, una edad, un cúmulo de responsabilidades, un número del sistema.


Tu esencia sabe lo que quieres, lo que te gusta y lo que sueñas. Pero se fue apagando cuando te sometiste a las normas sociales de conducta.


Y dejaste de ser quien querías ser para ser quien debías ser.


Recuperar esa esencia es fundamental para conocer tu camino y saber que quieres para ti, sin condicionamientos del entorno social.


Creemos saber lo que queremos, pero en realidad estamos obedeciendo lo que la sociedad nos ha dicho que debemos querer:


La escalera del éxito, el trabajo mejor pagado, la mayor cantidad de dinero, la familia promedio, la hipoteca, los viajes, etc.


Todo es una imposición social. De prueba te sirve, que todos quieren lo mismo. Si todos quieren lo mismo, no es un deseo de tu esencia, sino un deseo social.


Entonces lo primero que debemos hacer para obtener lo que queremos, es precisamente saber qué queremos desde nuestro más profundo Yo.


En forma práctica, lo conseguimos al definir nuestro propósito en la vida.


El propósito es el para qué estoy en este mundo, mi misión de vida. Es el camino que quiero recorrer, el cambio que quiero hacer. Es la huella que quiero dejar.


Si las metas que nos proponemos lograr, tienen la misma frecuencia que nuestro propósito y nos acercan a él, tendremos motivación y voracidad suficiente para luchar y perseverar hasta conseguirlas.


Si no definimos nuestro propósito, tomaremos decisiones contradictorias unas con otras, llevándonos de un lado para otro.


Toda decisión que nos acerque a nuestro propósito, es una decisión inteligente.


La Ley del propósito entonces propone que:


Lograrás todas aquellas metas que estén alineadas con tu propósito.



2) La ley de la Consciencia


Nuestro cerebro es una maquina espectacular con mucho poder de procesamiento y ejecución de tareas.


Sin embargo, recibe mucha información cada segundo: todo lo que vemos, oímos, pensamos, sentimos, es demasiado. Entonces para disminuir su trabajo, nuestro cerebro automatiza los procesos que ya conoce, para enfocarse en lo que considera importante.


Es así, que el 85% de las cosas que hacemos cuando estamos despiertos, las hacemos en automático: no nos damos cuenta.


Cuando te lavas los dientes no estás pensando en ello, cuando caminas no estás pensando en pie derecho delante, pie izquierdo, cuando hablas por teléfono no estás pensando sujeta bien el teléfono para que no se caiga, cuando estás manejando no estás pensando pisa embrague, mete el cambio, saca pie del embrague.


Lo mismo pasa con tus pensamientos y emociones. Pasan dentro de ti sin que te des cuenta.


Y tus pensamientos pueden ser tu mejor aliado o tu peor enemigo. Si piensas que puedes y mereces, te esforzarás. Si piensas que no puedes o no mereces, no te esforzarás. Y tu resultado será el que predijiste. Es la profecía autocumplida.


La consciencia es la capacidad de darnos cuenta de lo que pasa dentro de nosotros.


Si tienes pensamientos de fortaleza, seguridad, pasión, amor, confianza, poder, altruismo, etc, de esta manera será tu actitud cuando te enfrentes a tus situaciones.


Por el contrario, pensamientos negativos crearán una actitud negativa, de derrota, miedo, inseguridad, injusticia.


Las cosas se crean 2 veces: primero en tu mundo mental y luego en tu mundo físico. Primero en tu mente, después en tu vida.


Todo lo que piensas, te está convenciendo de algo.


Tienes este superpoder: puedes decidir qué cosas debes pensar para lograr lo que quieres lograr.


Elige pensar en perseverancia, paciencia, esfuerzo, recompensa, entusiasmo, capacidad, seguridad, éxito; en lugar de pensar en fracasos, miedos, peligros, vergüenza, inseguridad, etc.


Cada vez que te enfrentes a una situación puedes elegir que pensar. Y esa elección originará tu actitud y acciones.


Elige ser el jefe de tu mente, que trabaje para ti, en lugar de ser su subordinado que trabaja para ella.


Imagina un gran y poderoso elefante con un pequeño jinete encima. Si el jinete logra domar al elefante, tendrá la ayuda de tan poderoso animal para moverse por la selva.


Si no logra domar al elefante, el jinete será un adorno del elefante supeditado a lo que el animal quiera hacer.


Tú eres el jinete, el elefante es tu mente. Debes domar a tu elefante.


Mientras más consciente seas, más cerca estarás de lograr lo que te propones.


Entonces la Ley de la consciencia propone que :


Tu éxito es proporcional a tu nivel de consciencia.


3) Ley de las Emociones. Seguro piensas que eres un ser racional que tiene emociones. Pero es al revés, eres un ser emocional que desarrolló la capacidad de razonar.


Nuestro cerebro emocional, la amígdala, es más antiguo y rápido que el racional. Ante situaciones urgentes responde manera muy rápida, pero torpe. Y es cuando nos decimos “por qué hice esto” o “debí responder esto”.


El córtex, o cerebro racional, es más inteligente, pero más lento.


El 100% de nuestros recursos cerebrales se dividen entre la razón y la emoción como una balanza. Y la emoción pesa mucho.


Y siempre estamos bajo una emoción. Cuando la intensidad de esa emoción es fuerte, nuestra inteligencia disminuye.


Al ponerle recursos a la emoción, le quitamos recursos a la razón y viceversa. Cuando la emoción es fuerte, la inteligencia es débil.


¿Qué es lo que más te conviene?


-La emoción te dirá: haz lo que te provoca hacer, hazlo ahora.


-La razón te dirá : haz lo que te conviene hacer, según lo que quieres lograr.


Debes elegir lo que te conviene para tus metas, y no lo que te provoca según tus instintos.


En todos los casos, lo mejor para tus intereses será hacerle caso a la razón. Pero la emoción es más fuerte y rápida.


La emoción te hace buscar el placer o huir del sufrimiento de forma instintiva, sin valorar las consecuencias.


Prefieres el pequeño placer inmediato, lo que te provoca hacer ahora mismo, antes que el beneficio grande, pero a largo plazo que te dan las decisiones inteligentes.


Mira todas estas situaciones:


- No pedir el aumento que quieres

- No pedir el número de teléfono

- Quedarte con la pareja que ya no te hace feliz

- No iniciar tu empresa

- Querer quedar bien con todo el mundo

- Ver series por horas

- Comer chatarra

- Beber

- Resentirte cuando te dicen que no

- Discutir con alguien en la calle

- Dormir hasta tarde

- No dar tu opinión

- Etc.


Todos estas acciones se originan en la emoción. Cuando puedas minimizar la fuerza de las emociones, podrás decidir en función de lo que te conviene.


Eres más inteligente cuando estás en estado de calma y serenidad.


Si hubieras actuado de forma inteligente:


Hubieras pedido el aumento, el número de teléfono, terminado con tu pareja, iniciar tu empresa, quedar bien con tus intereses, no perderías tanto el tiempo, no comerías chatarra, no beberías alcohol, no te resentirías, no discutirías por gusto, darías tu opinión y un largo etc.


Casi todas tus decisiones son emocionales pero no te das cuenta. Estas decisiones no son de buena calidad.


Cuando estés intentando resolver una situación y no le encuentres respuesta, entrarás en la frustración, una emoción medianamente intensa.


En esta situación, debes dejarlo para otro momento, cuando estés en calma. Ahí aparecerá la respuesta que buscas.


Tenemos la mente dominada por las emociones. Debemos decidir en contra de lo que la emoción nos manda.


La ley de la emoción propone:


Tus emociones influyen en el tamaño de tu éxito.


4) La Ley de la responsabilidad. La actitud es el procedimiento mental inconsciente, mediante el cual enfrentamos nuestras situaciones de vida.


Es la forma en la cual interpretamos el mundo y como nos relacionamos con él. Dentro de las actitudes que podemos tener, hay 2 muy grandes que compartimos la mayoría de las personas:


La actitud de víctima o la actitud de responsable.


Fuimos educados para obedecer órdenes y pedir permiso. Y a día de hoy, siendo adultos, la mayoría de personas sigue con ese patrón psicológico. Vivimos en una sociedad que crea soldados, no generales.


Por ello, cuando se necesitan resultados, la mayoría de personas espera que alguien lo haga, o que se les diga lo que deben hacer.


Estas personas viven bajo la actitud de víctima: son pasivos piensan que la vida les controla y no pueden evitarlo.


No se permiten reconocer sus errores, porque ello dañaría su ego. Y viven culpando y criticando a los demás, buscando excusas del porqué no tienen lo que quieren, se quejan muy fácil.


Son personas que quisieran ganar la lotería pero no quieren invertir para jugarla.


¿Cómo reconocer una víctima?


- Habla mal de los demás

- Se ofenden por todo

- Culpa a los otros por aquello que no le gusta

- Tiene mil excusas para no hacer las cosas.

- Critica lo que hacen otros

- Dicen “te lo dije”


Por estadística es muy probable que vivas bajo este paradigma, como el 90% de personas. Es ausencia de liderazgo sobre ti mismo, no estás teniendo el control de tu vida.


Pero no te preocupes, puedes cambiar tu actitud y ser una persona responsable:


Es la actitud de hacerse cargo de uno mismo y de lo que quiere. También se hace cargo de aquello que necesita ser cambiado.


Esto es liderazgo: actuar para crear o cambiar las cosas, aun cuando no es obligatorio.

Mientras otros buscan culpables, ellos buscan soluciones y actúan hacia ellas.


Saben que son responsables de lo que les pasa en la vida, saben que tienen el control de lo que les sucede. Si no les gusta lo cambian y si no se puede cambiar, lo aceptan y siguen para delante.


Los responsables hacen que las cosas pasen. Saben que su vida es una consecuencia de lo que hacen o no hacen. Saben que la forma en la que se sienten es una consecuencia de como interpretan sus situaciones.


Ellos deciden que vida tienen. Controlan su vida, a diferencia de los demás que son controlados por ella. Tienen el poder de elegir de forma consciente como quieren vivir.


Ellos deciden, construyen y solucionan las cosas por iniciativa propia.


Ley de la responsabilidad propone que:


Eres el creador de tu realidad.



5) Ley de la Acción. Mucho hablamos y poco hacemos. Tenemos el privilegio de decidir y la mayoría de las veces decidimos esperar el momento perfecto, o lo que es lo mismo, no hacer nada.


Mucho análisis produce parálisis. Si queremos que algo suceda debemos movernos, pero muchas veces lo pensamos tantas veces que nuestro deseo termina perdiendo poder.


Mel Robbins nos dice en su libro “5 second rule” que debemos actuar dentro de los 5 segundos de haber tomado la decisión, ya que de lo contrario nuestra determinación se diluye y vamos perdiendo la energía motriz.


Tenemos que aprender a actuar sintiendo miedo, nervios, inseguridad, vergüenza. Debemos evitar esperar sentirnos lo suficientemente listos para dar el paso porque ello no pasará. Debemos actuar a pesar de no sentirnos listos.


La mayoría de personas no actúa porque valora más la posibilidad de perder, que la posibilidad de ganar.


Una vez que tomes la decisión de hacer algo, debes tener integridad para cumplir con el compromiso que has hecho contigo mismo.


Para ello debes aprender a desarrollar tu motivación y disciplina. Te motivas visualizando el logro que quieres obtener, sintiéndolo como si ya lo tuvieras.


La disciplina es el arte de eliminar las opciones. Si tienes disciplina se acaban las excusas. Puedes practicar la disciplina haciendo todos los días 2 cosas que no quieres hacer: desde pasar la aspiradora en casa hasta caminar hasta tu trabajo u otro sitio.

Poner el despertador 1 hora antes, es muy efectivo.


Debes vivir a través de objetivos. Todos queremos muchas cosas, pero nuestra actitud cambia cuando lo ponemos como objetivo. Es dar el salto del querer al proponérselo.


Tus objetivos deben ser específicos, medibles, alcanzables, relevantes, con plazo de tiempo y ecológicos.


Es diferente decir “voy a bajar de peso” que ponerte el objetivo de “voy a bajar 5 kilos de grasa en 4 meses con asesoría de nutricionista”.


La Ley de la acción propone que :


Debes hacer que las cosas pasen.


Cuando logres integrar estos principios, te volverás imparable.




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