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  • Daniel Castro Adrianzén

¿Qué es la inteligencia emocional?

Desarrollar tu inteligencia emocional va a cambiar tu vida. Va a mejorar tus resultados laborales, ya que es la cualidad humana que está empezando a valorarse tanto o más incluso que los conocimientos técnicos o “habilidades duras”.


¿qué es la inteligencia emocional y cómo nos beneficia?


Es la capacidad de ser conscientes de nuestras emociones y aprender a gestionarlas. Siempre estamos bajo la influencia de una emoción, que tal vez no tiene la intensidad del caso para poder reconocerla.


Al estar acostumbrados a su presencia, ya no nos damos cuenta que están ahí. Es como con las orejas. Las tienes, pero no vives consciente de ellas.


Entonces como somos seres primigeniamente instintivos, reaccionamos emocionalmente a lo que nos sucede.


Por ejemplo, Juan no llega a casa luego de ir a comprar unas cosas al supermercado. Carla, su novia, se empieza a preocupar y le escribe para ver qué pasa.


Juan no le contesta y pasan los minutos. Carla repite la acción y recibe lo mismo : no hay respuesta de Juan. En un estado más profundo de preocupación, ella lo llama y no recibe respuesta. Juan está no habido.


Siendo esta una situación poco regular, presa de la preocupación a Carla se le vienen a la mente varios posibles escenarios:


- Accidente

- Comisaria o parecido

- La ex u otra cuya existencia desconoce


Al cabo de un rato, Juan abre la puerta con las bolsas del supermercado. Carla le pregunta que ha pasado, a lo que Juan, dudoso no le responde con contundencia. No supo explicarle.


Carla, ante vaga respuesta, decide someterse al control de sus paradigmas, hace algún tiempo le sacaron la vuelta y le dolió mucho, le recrimina en voz alta y con algún improperio, que le diga con quien ha estado.


Ninguno de los 2 actuó con inteligencia emocional. Uno por no ser consciente de lo que sus acciones iban a ocasionar y otra por no darse cuenta que estaba actuando desde un factor desencadenante originado en un pasado que ya no existe más y no está vinculado con el ahora.


En ambos casos faltó conciencia de la emoción que promovía sus acciones.


La inteligencia emocional es la capacidad de saber en qué emoción estamos y cuáles son las acciones que dicha emoción nos lleva a tomar. Y a partir de aquí, gestionar la intensidad de las mismas.


Hay que tener en cuenta el camino al resultado. Todo lo que hacemos sigue esta ruta:


1) Existencia de un estímulo desencadenante.

2) Activación de un paradigma o creencia que descansa en nuestro subconsciente

3) Generación de una emoción

4) Esta emoción nos lleva a tomar determinada acción

5) Esta acción nos da algún resultado.


Esta es la fórmula de reacción instintiva que suele dominarnos hasta que seamos conscientes de ella.


Lo que esta fórmula nos quiere decir es que las emociones generan nuestros pensamientos. Tendemos a pensar desde la emoción en la que nos encontremos.


Si estamos con ira, pensaremos con ira. Si estamos tristes, pensaremos melancólicamente, si estamos con miedo, pensaremos haciendo caso a ese miedo.


Ante un mismo estímulo, podemos pensar negativamente un día, y positivamente otro día. Todo depende, de la emoción en la que estemos cada día.


Salvo excepciones, como cuando estamos cumpliendo labores en función de una relación de dependencia impuestas por alguien con mayor rango; la mayoría de nuestras acciones son promovidas por la emoción en la que nos encontramos.


Pensamos de acuerdo a como nos sentimos.


Dicho de mejor forma, hacemos lo que nos provoca hacer, sin importar si es lo que nos conviene. A menos que tengamos obligaciones laborales u otras similares.


Nuestro correcto proceder debería ser actuar en función de la búsqueda del beneficio a mayor escala pero que se obtiene a largo plazo, en detrimento del placer menor inmediato, que es lo que normalmente buscamos.


Preferimos satisfacer nuestras necesidades primarias inmediatas, como reaccionar emocionalmente tal vez de forma desmedida y quedarnos tan satisfechos con ello al instante, que evaluar el beneficio de nuestras acciones y decidir en función de nuestro beneficio mayor a largo plazo.


El desarrollo de nuestra inteligencia emocional nos permitirá pensar primero y sentir después.


Entonces, cada vez que tomamos una decisión, lo hacemos con influencia de la emoción en la que estamos. Y a mayor intensidad de la emoción, menor será la inteligencia de la decisión.



Nuestro cerebro trabaja como una balanza. Tiene muchísimos recursos, pero limitados. Entonces, tiene que repartir los recursos entre sus 2 hijos: la emocionalidad y la racionalidad.


Si estamos en un momento de quietud y calma, pondrá la mayoría de sus recursos en el lado racional. Pero si nos asalta una emoción intensa, el cerebro quitará recursos del lado racional, para alimentar el emocional.


Al querer darle fuerza a uno, debilitará al otro. Y el emocional el hijo “engreído” del cerebro. El que lo manipula.


Entonces, a mayor intensidad de la emoción, menor será nuestra capacidad racional.


El cerebro emocional es más rápido que el intelectual, por ello muchas veces nos encontramos preguntándonos ¿qué hice? o ¿por qué dije eso? o tal vez “debí decir esto”.

Cuando la intensidad de la emoción es muy fuerte, tomamos acción sin que el cerebro intelectual intervenga. Y cuando se da cuenta, ya es muy tarde.


En el ejemplo que vimos del supermercado, el miedo que sintió Carla generado por sus paradigmas pasados, le generó una “respuesta de anticipación” a la situación que consideraba peligrosa. Por ansiedad, empezó a asumir cosas que no existían.


Fue una reacción de protección por anticipación, ante una probable situación no deseada.

Cuando desarrollemos la capacidad de saber en que emoción estamos y qué tipo de acciones nos lleva a tomar esa emoción, podremos hacer un mapa para gestionar la intensidad emocional y saber actuar en nuestro mayor beneficio racional.


Se debe hacer un plan previo, para seguirlo al pie de la letra al momento del suceso, ya que durante el mismo sentiremos mucho y pensaremos poco. Debemos tener la lección aprendida antes del estímulo emocional.


Por ejemplo, si cuando algo me sale mal, me frustro, debo hacer un mapa para saber como actuar cuando llegue la frustración. Y cuando esté en el suceso y con la frustración encima, solo tendré que recordar lo que aprendí que debo hacer. En ese momento no debo intentar llegar a conclusiones intelectuales, ya que al estar inmerso en la emoción, dichas conclusiones serán de menor grado que mi capacidad real.


En la práctica, ¿cómo nos beneficia el trabajar nuestra inteligencia emocional?


1) Nos permite evaluar la situación para decidir mejor

2) Mejoramos nuestra relación con los demás

3) Mejora nuestro rendimiento laboral

4) Mejora las relaciones sociales

5) Minimiza el estrés

6) Aumenta la influencia y liderazgo

7) Aumenta la motivación

8) Desarrolla la empatía hacia los demás


Por muy alto cociente intelectual que tengamos, seremos controlados por nuestras emociones, hasta que trabajemos en nuestra inteligencia emocional.

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